Desde el principio
José M. Marco
A mediados de la adolescencia, cuando los
chavales comienzan a salir y a volver más tarde,
los padres comienzan a preocuparse especialmente
por lo que harán fuera de casa. ¿Dónde estará?
¿Beberá? ¿Fumará porros? ¿Probará otras drogas?
¿Tendrá novia o ligues ocasionales?
A pesar de su importancia, la cuestión más
relevante no es qué se va a encontrar en la
calle sino cómo va a reaccionar ante lo que
encuentre. Cuando esté en una situación
comprometida en la que va a tener que elegir, es
cuando se juega el acierto o la equivocación.
En cualquier caso, el proceso de preparación
para estas elecciones -que tanto nos preocupan
en la adolescencia y que antes o después son
inevitables- comienza los primeros años de sus
vidas: al principio, con nuestra supervisión y
orientaciones, y poco a poco cuando les vamos
dando esa “libertad condicional y vigilada” en
los pequeños o grandes retos que nos van
surgiendo: tener ordenado su cuarto,
responsabilizarse de sus estudios, quedarse
solos jugando en el parque, salir con la bici,
ir solos a la escuela... constituirá todo un
proceso que acabará en volver a las tantas de la
madrugada conduciendo.

Nuestra máxima garantía es saber que nuestros
hijos están preparados para tomar buenas
decisiones y para ello la formación que les
damos o no damos es fundamental. No “salen”
vagos, gamberros o irresponsables sino que se
hacen de una manera u otra en buena parte por
las múltiples circunstancias que les rodean
desde que son niños y entre las que se encuentra
de forma principal la familia.
Que tengan criterio, personalidad, ideas claras
de lo bueno y lo malo, que sean autónomos,
capaces de resolver problemas, de decir “no”,
son condiciones importantes para que sus
elecciones sean correctas. Sin embargo estas
características son el resultado de un largo
proceso educativo largo y difícil, que no puede
darse de forma intensiva a los quince años.
La mejor educación imaginable no es garantía de
las mejores consecuencias, pero lo que está
claro es que quien siembra es muy posible que
recoja pero quien no siembra es prácticamente
imposible que obtenga ningún fruto. Como dice la
publicidad de la DGT “No podemos conducir por
ti”, pero si que podemos intentar dotarles de
los mejores recursos para que se conduzcan solos
de la mejor forma posible.
Artículo publicado por
José M. Marco